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domingo, 24 de octubre de 2010

Tim Buckley - Dolphins

Aquí tenemos la voz angelical de Tim Buckley en la adorable versión de Dolphins de Fred Neil (el autor del entrañable éxito de Harry Nilsson Everybody's talkin), una demostración de que al final de su carrera y a pesar del cambio de sonido seguía conservando el mismo encanto. El tema se incluía en su penúltimo álbum Sefronia y la grabación de este show televisivo corresponde a 1974, un año antes de su absurda muerte cuando sólo tenía 28 años. Le acompañan Charlie Whitney (guitarra), Tim Hinkley (bajo) y Ian Wallace (batería).

sábado, 23 de octubre de 2010

Tim Buckley - Blue Afternoon (Straight)


Resulta casi imposible trazar un retrato de alguien como Tim Buckley, su corta carrera fue un mundo aparte. Tras debutar como un cantante folk al uso, pasó a inspirarse en el jazz modal del Kind of blue de Miles Davis en su obra maestra Happy sad, coqueteó con la vanguardia en Starsailor, y derivó hacia el funk hacia el final de sus días, lo que fue denostado por unos fans confundidos que creyeron ver una concesión comercial donde sólo existía la evolución imparable de un visionario. Algunos podrán tacharle de errático, pero su poco frecuente genialidad es evidente incluso en sus obras fallidas.

Blue afternoon fue su cuarto disco y el primero para el sello Straight de Frank Zappa y Herb Cohen. Grabado en 1969 y publicado al año siguiente, es casi una secuela de Happy sad, con el que comparte ese toque jazzy que da un sabor tan especial a sus melodías enraizadas en el folk, repitiendo en la mayoría de los temas parecida fórmula instrumental con el vibráfono de David Friedman, fruto de su admiración por Milt Jackson y su Modern Jazz Quartet, y la inspiradísima guitarra de Lee Underwood. Completan la banda John Miller al bajo, Jimmy Madison a la batería y Carter C.C. Collins en las congas.

Este es mi disco favorito de Buckley y en mi opinión merecería tener la misma fama (si no más) que un Astral weeks o un Five leaves left, pero como si pesara sobre él una maldición apenas estuvo disponible brevemente en CD antes de volver a un incomprensible limbo relacionado con la posesión de los derechos y sólo hace poco apareció en una edición en vinilo. La foto de portada es un reflejo de lo que encontramos en su interior, una atmósfera triste y melancólica que alterna remansos de serenidad con lamentos atormentados.

El disco contiene canciones de una rara belleza: Chase the blues awayThe river, o Blue melody están entre las joyas más sublimes de la discografía de Buckley, posiblemente solo comparables a Sing a song for you (Happy sad) o Song to the siren (Starsailor), pero nos quedamos con una de encanto más salvaje, la escalofriante The train, que cerraba el disco en un nuevo paralelismo con Gypsy woman, ese otro 'tour de force' que hacía lo propio en Happy sad. El cantante estira su rango vocal hasta límites insospechados sobre la estremecedora guitarra de Lee Underwood en una pieza de proporciones épicas.