Resulta increíble la fulgurante evolución que experimentó la saxofonista alemana Ingrid Laubrock coincidiendo con su traslado a Nueva York tras largos años de formación en la escena británica, un salto de calidad que la ha convertido en una de las voces imprescindibles de su instrumento.Su quinteto Anti-House es, al menos para mí, un verdadero all-stars, cada uno de sus miembros ha encabezado mis votaciones en la encuesta de El Intruso en alguna ocasión. Sus trayectorias se entrecruzan además en algunas de las bandas que están marcando el sonido de esta época. Laubrock reclutó a Tom Rainey en su trío Sleepthief, con el que alcanzó la madurez y perfiló su estilo actual, y junto con Mary Halvorson forma el trío del batería, que publicó el pasado año el fascinante Camino Cielo Echo, mientras que con Kris Davis coincide en el trío Paradoxical Frog y en el nuevo quinteto de la pianista Capricorn Climber, con un disco de inminente aparición en Clean Feed.
Esta segunda entrega de Anti-House es un notable paso adelante sobre su debut, con una banda más conjuntada al servicio del que probablemente sea el trabajo más personal de Laubrock hasta la fecha, plagado de formidables composiciones que podrían rivalizar con la mejor época de Wayne Shorter. Temas laberínticos casi siempre en un tono sosegado con momentos de intrigante belleza, como la dedicatoria a Henry Threadgill Cup in a Tea Storm, con una sublime introducción que me recuerda incluso al sonido de Joe Lovano. Un disco asombroso, de los que va creciendo en cada escucha, firme candidato a favorito del año.