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sábado, 31 de enero de 2015

Moserobie, 15 años de jazz sueco

Jonas Kullhammar, Gentlemen (Moserobie) ****
Para los que solo conozcan al saxofonista sueco a través de sus Basement Sessions, la serie de tres discos publicados por Clean Feed, les resultará inesperada una grabación tan clásica como esta, aunque la sorpresa no es tanta si se ha seguido su trayectoria en su propio sello Moserobie, que cumple 15 años documentando la escena sueca con una coherencia admirable. En efecto, Kullhammar es un apasionado del jazz de los 60, en especial del cuarteto clásico de Coltrane, y así se ha venido reflejando en su producción discográfica.

La excusa perfecta para este ejercicio de clasicismo es que se trata de la banda sonora para una película de su compatriota Mikael Marcimain, adapatación de la novela homónima de Klas Östegren, cuya acción transcurre a lo largo de los años 60 y 70, por lo que la premisa que debían cumplir sus composiciones es que resultaran creíbles como música de aquella época. El resultado podría encajar a la perfección en el catálogo Blue Note con recreaciones del hard-bop característico del sello, pero también baladas a lo Dexter Gordon, post-bop avanzado al estilo de Bobby Hutcherson, y hasta un homenaje explícito al excéntrico soul-jazz del olvidado George Braith con Kullhammar tocando stritch y saxello, antes de cerrar con un toque desenfadado de jazz tradicional.

La banda que sirve de base al saxofonista es un cuarteto con el piano de Carl Bagge, el contrabajo de Torbjörn Zetterberg y la batería de Johan Holmegard, pero a medida que la acción de la película se desplaza en el tiempo y en el espacio recreando los clubs de jazz de Estocolmo, Copenhague y París, el estilo de la banda sonora va evolucionando y en la parte final se añade la corneta de Goran Kajfes y se sustituye el piano por el vibráfono de Matthias Ståhl. La parte central cuenta con un invitado de lujo, el saxofonista Bernt Rosengren, leyenda del jazz sueco al que algunos conocimos junto a Krzysztof Komeda en otra deliciosa banda sonora, la de "El cuchillo en el agua", el deslumbrante debut en la dirección de Roman Polanski. Con la pareja de saxos, el disco alcanza su momento álgido en la prodigiosa "Ballad for Bill", con primorosos solos sobre el fondo de un piano evansiano.

Martin Küchen & Landæus Trio, Four Lamentations and One Wicked Dream of Innocence (Moserobie) *****
Aunque ha pasado totalmente desapercibido al publicarse en una edición limitada solo en vinilo, y a pesar de su brevedad incluso para el formato LP, con apenas 32 minutos de duración, este no es ni mucho menos un disco menor en el catálogo del saxofonista líder de Angles. El para mí desconocido trío del pianista Mathias Landæus, con el bajista Johnny Åhman y el baterista Jonas Holgersson, se revela como el acompañamiento ideal para el desgarrador saxo de Künchen.

Si en las últimas entregas de Angles la fórmula da muestras de agotamiento y empieza a hacerse algo reiterativa, la interpretación aquí del clásico "Don't Ruin Me", incluido en Every Woman Is a Tree, primer álbum de la banda, alcanza una intensidad sublime. Sin la exuberancia de Angles ni la fiereza del Trespass Trio, Künchen se emplea con la misma pasión a lo largo de estas cuatro lamentaciones, piezas reducidas a su esencia que guardan una unidad impecable como si fueran parte de una suite, interpretadas de forma sumamente pausada y con una solemnidad descarnada. Un ambiente hechizante que solo se rompe con la más asilvestrada pieza final, "One Minute of Innocence", firmada por el pianista. Un disco asombroso pleno de emoción.

lunes, 3 de junio de 2013

All Included - Reincarnation Of A Free Bird (Stone Floor, 2012)

No todo lo que se cuece en la escena escandinava alcanza eco por estos lares, ni todo lo que procede de tierras nórdicas responde al tópico de música gélida como el hielo. Es difícil encontrar alguien que derroche más pasión en sus bandas que el saxofonista sueco Martin Kuchen, líder de Exploding Customer, Trespass Trio y Angles.

All Included es un quinteto que comparte con el también sueco y fiel escudero en Angles, el trombonista Mats Aleklin, y tres jóvenes valores de la inagotable cantera noruega: el trompetista Thomas Johansson, y la pareja rítmica formada por el contrabajista Jon Rune Strom y el baterista Tollef Ostvang, que es la que está detrás de la etiqueta Stone Floor que publica el disco. Tres músicos desconocidos para mí hasta su reciente participación en el doek festival de Amsterdam enrolados en una deslumbrante versión extendida del Available Jelly de Michael Moore.

Bajo un título que es un guiño a Charles Mingus, lo que la banda nos ofrece en su debut es más bien Albert Ayler corregido y aumentado. No faltan las melodías desgarradoras de Kuchen con trasfondo político tan presentes en Angles, como las de War In A Child o The Indispensable Warlords, pero lo que se impone son los temas incendiarios con un desaforado nivel de excitación propio de su faceta más salvaje. Un vendaval de free jazz a la vieja usanza.

martes, 19 de julio de 2011

Angles Octet (Liubliana, 01-07-11)


En fechas recientes unas fugaces vacaciones en Eslovenia y Holanda me han permitido disfrutar de una considerable ración de jazz en vivo. De todo lo visto y oído, que no ha sido poco, sin ninguna duda lo más destacado fue el concierto que el Angles Octet ofreció dentro de una jornada que el modélico festival de jazz de la coqueta capital eslovena dedicó por entero al sello portugués Clean Feed con motivo de su décimo aniversario.

La banda de Martin Kuchen había regalado el día precedente un avance de su encanto convertida en una brass band con varios de sus miembros como improvisados percusionistas en una actuación por las animadas calles de Liubliana, un marco ideal teniendo en cuenta que en su música parecen colarse a veces aires balcánicos. Pero el concierto del día siguiente sorprendió incluso a los que ya conocíamos sus grabaciones para el sello de Pedro Costa por el tremendo impacto que producen algunas de sus composiciones más afamadas en manos de una renovada formación. Además de Kuchen al saxo alto, Angles mantiene su núcleo básico con Mats Aleklint al trombón, Mattias Stahl al vibráfono, Johan Berthling al contrabajo y Kjell Nordeson a la batería, pero se presentaba con la novedad del trompetista sueco de ascendencia croata Goran Kajfes en sustitución de Magnus Broo, y la extensión a octeto con la incorporación de dos nuevos instrumentos: el piano del jovencísimo Alexander Sethson, y el saxo barítono (y a veces sopranino) del noruego Eirik Hegdal, uno de los puntales de la escena de Trondheim. Con ellos ha ganado en pegada y densidad pero sobre todo se ha dotado de un colorido muy especial.

En una época en la que por los festivales se pasean formaciones de más que contrastada solvencia pero que raramente escapan de lo previsible, Angles causó entre el exigente público de Liubliana, mucho más acostumbrado que en España a saborear lo más granado que se cuece en el panorama internacional, la inusual sensación de estar viviendo un momento para la historia. Pocas veces puede uno creerse tan privilegiado como los que asistieran a citas legendarias como la de Dolphy en el Five Spot o la de Mingus en Antibes, tal era el nivel de euforia y excitación que provocaba una música vibrante que pese a momentos de una fuerza descomunal no deja nunca de lado el atractivo de unas melodías arrebatadoras. Bandas como Angles confirman no solo la ya más que reconocida pujanza del jazz escandinavo sino que el centro neurálgico de este jazz globalizado del siglo XXI parece pivotar cada vez más hacia Europa.